lunes, 30 de junio de 2008

Educación ciudadana

Ciertamente que un elemento sumamente positivo de la democracia es la capacidad que tienen todos los ciudadanos para formular propuestas y exigir que las mismas se cumplan.

Sin embargo, aunque existe esta gran oportunidad, la misma no está siendo aprovechada por todos. No se explota al máximo.

Ante los problemas nacionales, locales y comunitarios, la gente manifiesta diferentes tipos de actitudes, que van desde la indiferencia, la neutralidad, la indecisión hasta la oposición.

Pero lo cierto es que el factor más negativo que se tiene con relación a esto es la falta de conocimiento que tienen los ciudadanos sobre sus derechos y la forma de hacerlos valer.

Este desconocimiento lleva a que los gestores de decisiones no se preocupen por trazar planes, proyectos y trabajos adecuados que conduzcan al mejoramiento de la condición de vida de los moradores en las comunidades.

Peor aún, muchos utilizan esta ignorancia para sacar provechos personales y partidarios en detrimento de los intereses del Estado o de la entidad que dirigen.

A las gentes en las comunidades se les debe proveer de las herramientas necesarias para que aprendan a articular acciones que ayuden a satisfacer sus necesidades y a cambiar la condición de vida en que se encuentran.

Esto implicará mayor responsabilidad por parte de los funcionarios y las autoridades en el ejercicio de sus funciones.

Un ejemplo de educación en este sentido lo es la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos-WOLA, en inglés-.

Se trata de una entidad que cuenta con recursos extraordinarios sobre la forma en que los ciudadanos pueden incidir en las tomas de decisiones en sus países y en las comunidades. Su trabajo es rico en contenido.

La triste realidad actual es que muchos males existen en el entorno por la falta de la acción de la gente. El conocimiento sobre la metodología de lucha es lo único que puede variar esta situación.

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